miércoles, 4 de julio de 2007

Una Palabra en medio de la Nada.

Poder encontrar en el desierto una palabra es un milagro.

Quizás en ese desierto en el que nos encontramos, mudos, compartiendo una soledad en medio de las restricciones más sólidas, tratando de mantener viva una esperanza.

Tratar de fecundar mi esperanza con tu arrogancia, como esperando que de la lava surja la flor al contacto con el agua, en la falda del volcán.

Tratar de tocar el nervio en carne viva, así sea con una lágrima.

Encontrar el camino en medio de la selva, aunque negando el sol y prefiriendo las sombras.

Así, he de hallar el camino para asirme a tus sentimientos, quizás desdeñando el hacerlo de tu cuerpo, del éxtasis abrasador de tus caricias, del veneno con que tu boca mata mis razones, garantizándoles la resurrección cuando tus acciones golpean mi corazón.

Corazones sólidos y fuertes, que se estrellan y que buscan dominar en vez de rendirse. Algún día, corazón feroz, sacrificarás en tu altar lo que más amas!! San Julián no te conocía, pero estoy seguro que su ciervo negro herido te diría lo mismo.

Y ahora, en el desierto, busco la palabra necesaria, aunque no en la arenas hirientes, sino en mí mismo, en tí misma, en lo que hace florecer nuestro alrededor, pero también en lo que mata lo que queda.

Mira tu corazón, quizás puedas hallarla también.

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